Cuerpos, decisiones y negocios
La visita de Olivia Maurel, referente de la Declaración de Casablanca que aboga por la abolición de la maternidad subrogada, echó algo de luz sobre debates que prefieren pasar desapercibidos. La declaración denuncia los contratos de subrogación y recomienda a los estados prohibir la práctica, sancionar y perseguir judicialmente a intermediarios y personas que recurran a la misma. El modelo ideal para Maurel es el italiano. En noviembre de 2024, la primera ministra Giorgia Meloni impulsó la ley que convierte la subrogación en “delito universal”, es decir, que las parejas italianas que recurran a la práctica en destinos legales serán castigadas tal como si lo hubieran hecho dentro del país, donde está prohibida desde 2004.
Ideas en el desierto local
Son contadas las veces que alguna historia toca la superficie, como la del bebé prematuro nacido en una clínica de Villa Allende en Córdoba. Durante la investigación quedaron en evidencia las condiciones de desigualdad y vulnerabilidad económica en las que se firmó el contrato con “consentimiento informado” y el rol clave de las clínicas que diseñan el negocio con mujeres pobres que gestan y familias ricas que “adoptan”, pero la noticia se fue apagando. En la mayoría de los medios, la subrogación se presenta de forma positiva, especialmente cuando las familias de intención o comitentes son personas famosas (como el conductor de televisión Marley o la modelo Luciana Salazar, entre varios casos conocidos de Argentina). A nivel global, las celebridades son una pieza clave en la legitimación del negocio.
Muy pocos medios argentinos se hicieron eco de la visita de Olivia Maurel, fuera de radios y portales de instituciones religiosas. No lo digo en tono celebratorio, todo lo contrario. Que solo sea de interés en círculos conservadores es un problema cada vez más grande cuando en nuestro país crece el turismo reproductivo, el negocio de clínicas y agencias intermediarias, se discuten y ya se presentan proyectos de ley para regular (y legitimar) la mercantilización de la gestación y el parto.
Una de las excepciones es Vayaina MAG, que insiste en el tema mediante diferentes abordajes hace tiempo. Una de sus creadoras, la escritora Paula Puebla dice que “uno de los motivos principales por los que seguimos este tema es el silencio alrededor de él. Que haya tantas voces eludiendo la discusión, no solo nos ofrece un espacio vacante para problematizar sino que nos parece -definitivamente- un síntoma. Al mismo tiempo, nos parece fundamental orillar y perforar la subrogación de vientres desde diferentes ángulos y miradas, cada una desde su marco teórico, su saber, su perspectiva, porque en ese gran tópico se anuda una gran serie de malestares y conflictos de la sociedad actual. Y no nos parece casual que el territorio donde esa guerra ignorada se libra sean, otra vez, los cuerpos de las mujeres. De las mujeres en general, de las mujeres pobres o vulneradas en particular. La precariedad, la explotación, la dominación, la ilegalidad, el riesgo a la salud física y mental, los negociados: todo está ahí, en carne viva. En lo personal, me parece triste que, por no poder sostener discusiones difíciles, dejemos que las cosas ocurran”.
En este contexto, voces como la de Maurel agitan las aguas de un debate al que cuesta subirle el volumen. Le pregunté a Paula sobre su mirada, ya que cubrió la visita junto con Florencia Lucione: “Nacida a través de la subrogación de un vientre -hace más de 30 años, cuando todavía se podían hacer con óvulos de las gestantes-, Olivia Maurel se posiciona como hija. En ese sentido, su testimonio es muy poderoso porque hasta ahora son pocos los que cuentan qué pasaron y pasan esas personas toda su vida. Cómo conviven con los agujeros de haber venido al mundo mediante un contrato y, en la mayoría de los casos, la vulneración a su derecho a la identidad. Poco sabemos de esos miles de hijos e hijas, muchos de los cuales no tienen idea de quiénes son sus progenitores o no pueden explicar con precisión de dónde vienen. A falta de las voces de las mujeres conocidas como ‘gestantes’, la palabra de Maurel da un panorama acertado de las consecuencias directas de la subrogación de vientres. Creo y espero que esta perspectiva, la de esos hijos concebidos desde el vamos como productos, en algún momento tome más fuerza, se multiplique”. Sobre el proyecto Declaración de Casablanca señala: “Maurel promueve la abolición universal de la mercantilización de la gestación. Es un proyecto extremadamente ambicioso que se enfrenta a un mercado global gigante y a la indiferencia de sectores que, tranquilamente, podrían acompañar la moción. Y, por supuesto, siempre aparece la política como sinónimo de dificultad para generar consensos --hacia dentro de los países y entre ellos. La práctica puede ser global, pero los dramas de cada país son particulares. Para mí, sería necesario empezar a escuchar y a dialogar. Y así forjar una posición sobre el tema que tenga que ver con las características de nuestro territorio, nuestra idiosincrasia, nuestra economía, nuestras mujeres. Pensar este problema con todos los rasgos de argentinidad. Luego, tal vez, poder hacer alianzas regionales. Por último, pensaría si el liberalismo es la mejor posición desde la cual las mujeres sudamericanas podemos defender nuestra soberanía”.
Me parece clave esto último que dice Paula, ya que nuestros países son zona franca de mujeres pobres que gestan en un panorama marcado por la idea de que el mercado proveerá los medios (los cuerpos) para satisfacer el deseo de cada individuo (que tenga el dinero suficiente).
La trampa de las narrativas
Cuando se habla de gestación subrogada se subrayan el deseo y los derechos de las familias de intención, y la libre elección de las mujeres que gestan. Esas narrativas opacan las condiciones en las que se realiza el deseo y se elige, complican el debate. Entre las más importantes está la desigualdad evidente entre las personas que gestan (cuya mayoría son mujeres pobres y/o de países pobres) y las que “subrogan”, las familias de intención o comitentes (cuya mayoría son familias y personas ricas y/o de países ricos).
El derecho a ser madre o padre se presenta como el derecho individual a tener hijos e hijas con lazos genéticos. Que el foco esté puesto en el derecho individual encaja perfecto en la creación de un nicho de mercado atractivo, en el que las mujeres son reproductoras para consagrar el derecho o realizar el deseo de alguien que puede pagarlo. Y se relega, a la vez, el derecho de todas las personas a construir vínculos de la forma que deseen con quien deseen y, como parte de esto, de niños y niñas a crecer en ambientes de cuidado y afecto. El derecho a la familia reducido a lazos genéticos o la gestación del propio hijo relega también debates necesarios sobre los obstáculos materiales para la mayoría: altos costos de vida, cuidados, problemas de vivienda, jornadas laborales extensas. ¿Por qué nunca se habla así de ese derecho?
La socióloga Sara Lafuente Funes, autora de Mercados reproductivos. Crisis, deseo y desigualdad, cree que existen derechos sexuales y reproductivos, pero “no existe el derecho a tener una criatura propia o a reproducirme yo con mis genes o yo con mi cuerpo”. Algo parecido sostiene María Sellés, de la agrupación Nacidos de Donaciones Anónimas (NDA Drets): “los derechos sexuales y reproductivos son una reivindicación feminista en negativo, tiene que ver con el hecho de no reproducirse, de que las personas con útero podamos separar sexualidad de reproducción (...) que no nos convirtamos en esclavas reproductivas” (una idea que recupera de la jurista Noelia Igareda, autora de “El hipotético derecho a la reproducción”). En la misma conversación del podcast Reproducción Insistida, María comparte otra idea de Lafuente Funes: cómo los mercados reproductivos reproducen en primer lugar el modelo patriarcal de familia, basado en la propiedad de los hijos, que el hijo sea mío, en un sistema diseñado para maquillar la propiedad (como la elección de fenotipos similares en donantes anónimos para conseguir parecidos físicos, entre otros).
Las narrativas neoliberales de consentimiento y libre elección -que no cuestionan el contexto material- brindan un lenguaje aceptable (y hasta ¿feminista?) para la mercantilización y cosificación de las mujeres que gestan y las personas que nacen de esos esquemas. En otro sentido, las narrativas antiderechos también pueden colarse con facilidad cuando la denuncia de la mercantilización borra la autonomía de las mujeres y personas con capacidad de gestar para hablar de la imagen vaga de “la dignidad de la mujer y los derechos del niño”, como una fórmula que evita cualquier confusión con los feminismos. La instrumentalización de ese discurso se ve al igualar la subrogación con la interrupción voluntaria del embarazo, desconociendo la autonomía y las condiciones materiales que permiten o no ejercerla. A su vez, los contratos de subrogación firmados en un marco de desigualdad se transforman en argumentos de sectores conservadores para crear contextos hostiles a esa autonomía. El caso reciente conocido como “Bebé Gabriel” en Estados Unidos se transformó en un emblema en este sentido: al conocerse un diagnóstico adverso en la semana 20 de gestación, la familia de intención no quiso continuar con el embarazo, basándose en una cláusula del contrato; la mujer que gestaba se negó y se mudó al estado de Texas, uno de los más restrictivos para interrumpir un embarazo de forma segura. La familia de intención se comporta como propietaria y demanda a la mujer que gesta por incumplimiento de contrato (desconoce así su autonomía). El estado de Texas y los sectores antiderechos hablan todo el tiempo de un bebé, garantizan el cuidado médico (un obstáculo económico para la mayoría de las familias) y apoyo legal, y así brindan un contexto favorable a marcos legales que no reconocen la autonomía de las mujeres y las personas con capacidad de gestar. La semana 20 es un umbral legal en varios países y en otros estados de Estados Unidos, que la contemplan para casos de enfermedades y anomalías graves o causales como la violación. Por eso, rara vez está en el centro la denuncia de esquemas de negocios o contratos abusivos, y prevalecen, en cambio, argumentos morales, emotivos o sobre la dignidad y la vida (que pueden encajar casi en cualquier relato).
Personalmente, no creo que exista regulación -más o menos punitiva o permisiva- capaz de controlar un mercado cuya condición necesaria es la desigualdad. Tengo dos red flags en este debate: “si habla de libertad de elección pero no de desigualdad” y “si habla de dignidad pero no de autonomía”. Pero la más grande es no discutir, porque nosotras no conseguimos nada con silencio.
Obsesiones (monotemáticas) en curso y parroquiales
En esta conversación con Florencia Lucione y Águeda Pereyra en el programa Hipótesis de conflicto (de Juanita Groisman y Leyla Bechara) del canal Ceibo, hay muchísimos interrogantes e ideas interesantes para pensar este debate que todavía se da en voz baja.
El cuerpo es quien recuerda (Tusquets, 2022), de Paula Puebla, es una novela que se mete en el mundo de la maternidad mercantilizada y en qué pasa con las vidas de las personas involucradas. La literatura es el mejor lugar para hacer preguntas que no siempre tienen respuestas o que a veces son incómodas. ¿Lo recomendé mil veces? Sí. ¿Volví a hacerlo? También.
¿Renunciarías a tu derecho al voto? No sé si viste el último episodio de Bibliografía obligatoria sobre las fábulas conservadoras del sistema de voto por hogar y las raíces satánicas del feminismo. En pleno ¿ocaso tradwife?, la reacción conservadora no se rinde.
Hablando de reacción conservadora, el sábado 22 de agosto estuve con mis compañeras de Pan y Rosas en Neuquén hablando sobre la batalla cultural, la derecha y los feminismos. El jueves 3 de septiembre voy a estar en Santa Fe: ¿hablaremos de Carolina Losada y sus proyectos revanchistas? ¿Del próximo encuentro plurinacional en Córdoba? Si están cerca, vengan.
Recordatorio permanente. Los sábados a las 12 en Radio Con Vos hacemos El Círculo Rojo. Podés vernos y escucharnos y, si tenés ganas, sumarte a nuestra comunidad (nos ayudás con lo que podés y a cambio hay algunos descuentos). Si querés contarme algo, escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las entregas anteriores.

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