Pido disculpas anticipadas por la brevedad de esta entrega. La coyuntura me encuentra, en términos poéticos —que es la única forma decente de referirse a la vida—, como resume Juana Bignozzi en “La literatura en serio”, ocupándome de problemas ridículos “para que nadie dude de mi inteligencia”. Aunque siempre aspiro a estrofas como:
no convertirme en criada de una decadencia
no caer en la tierna sonrisa comprensiva
que aparece cuando la intensidad desaparece
dejé de hablarle todo a alguien
e intento decirles algo a todos
Me gusta mi versión personal en la que “alguien” soy yo, y la
renuncia es a asfixiarse mirando hacia adentro del propio mundo, “una
mirada que se ve a sí misma” dice Juliet
Mitchell en The Longest Revolution, una red flag pertinente.
Cuando todo te empuja a reducirte a un problema individual: vivir (morir)
para el trabajo, vivir (morir) para pagar deudas, dormir bajo techo, la
SUBE, más deuda para pagar deudas, dormir bajo techo, la SUBE. Cuando todo te
empuja a exprimir el tiempo para producir ingresos, liquidar
horizontes para convertirnos en la “criada de una decadencia”, prefiero
subir la apuesta: entre poco y nada, prefiero todo.
Y apelo nuevamente a los (las) poetas, “los legisladores no
reconocidos del mundo”, como decía Percy Shelley. Me robo algunas estrofas de Mickaela
Vivas, de su poema “Nací con Menem” (justicia poética en medio de funerales
heroicos): “¿Estoy exagerando? ¿Cuándo sale el sol? ¿Cuándo vuelve la luz?”.
“No tengo ganas de mirar Netflix. Ya intenté hacer yoga”. Sé que estoy haciendo
una cita extemporánea pero de alguna forma encaja en estos tiempos. Sigo:
Algo explota.
Nunca hay luz. Siempre se trató de eso, reclamar y reclamar.
Gritar para que me escuchen.
Si estás un poco en esa, si tenés BRONCA, el sábado
marchamos en todo el país. Te diría que traigas tu pancarta, pero es
optativo, podés venir con lo puesto, con tu remera, tu cartel, tu bronca y —si
querés— con tu poesía.
Hablando de reclamar y reclamar, de gritar para que me escuchen, te recomiendo
que vayas a ver la muestra ESTADO DE ASAMBLEA, de Gabriela Golder. Las
cosas que más me gustaron a mí (cuando vayas, me decís las tuyas): la gente
reunida, el ruido de asamblea, las voces hablando encima de otras voces
pero también los ojos atentos, las caras, las ideas, la renuncia a la
resignación. Gabriela es una artista visual; en la muestra vas a ver
fotografías, videos, papel impreso con olor a tinta; se siente la reunión, el
ambiente te invita a romper el protocolo antipiquetes y el silencio. Mis
momentos favoritos: alguien dice “me siento rodeada de victoriosos y
victoriosas”, que no nos impongan la derrota (fanática de eso); alguien dice
“nuestra vida importa”, otras cantan mientras la pantalla muestra “REPETIR
HASTA EL CANSANCIO”.
ESTADO DE ASAMBLEA respira un aire femenino que no
tiene nada que ver con la biología o los cromosomas; a lo mejor femenino es
incorrecto y lo mejor sería decir feminista. Feminista por la forma de
hacer: colectiva, asamblearia, no institucionalizada, personas que ensayan
discursos, que exponen ideas frente a otras y las prueban, personas que saben,
personas que (se) preguntan. Pensé en dos cosas durante la muestra (una la
dije, la otra no).
La que dije: cuando subís al primer piso las mujeres cantan, no
importa si entendés o no lo que cantan, importa el susurro —alguien habla en un
momento del susurro que se transforma en lucha y tiene razón. Me hizo pensar en
una escena fantástica de Retrato
de una mujer en llamas, una película de Céline Sciamma: las
mujeres del pueblo se reúnen alrededor del fuego y cantan fugere non possum (yo
no sé latín, pero dicen que la traducción es “no puedo huir”). Me gusta mucho
esa escena porque encarna el momento en el que sabés que sola no podés pero
cuando levantás la mirada empezás a verte en otras, las voces suenan
cada vez más fuerte, el sonido de las manos aturde y podemos. ¿Exagero
en la interpretación? Quizás, pero creo que Céline y Gabriela estarían de acuerdo
conmigo. La que no dije: La
Comuna (París, 1871), por la actitud de
meterse en el hacer de la asamblea, la discusión, el ruido sobre el ruido. Estado
de
asamblea está en Artahaus (Bartolomé Mitre 434, Ciudad de Buenos Aires)
y la entrada es libre y gratuita. Sábado 3 de octubre a las 16 horas: ASAMBLEA.
Monjas y brujas
Pocas cosas me interesan más que lo que se construye alrededor de lo femenino:
prejuicios, mitos, morbo, fantasías. Las monjas parecen atravesar este
momento de productividad explícita y totalizante con un halo similar al que
portaron las brujas en plena movilización feminista durante la década
pasada.
A través del universo (Tusquets) es una novela de la escritora
argentina Julia Coria. Es una historia con episodios epistolares,
policiales y de misterio en medio de la dictadura argentina. Soy una lectora
interesada en el género policial, me gusta el gore, pero me agobia la
sordidez sin motivo y los libros de Julia tienen un equilibrio —que siempre
me intriga— entre lo sórdido y lo luminoso. También me interesa que se
anime a ser un relato provocador en una época en la que parece que solo ellos
pueden provocar. En estas páginas hay amor, memoria, violencia política,
cartas, familia, amistad, alfajores y un hecho literario; muy a favor de que la
literatura invada todos los territorios (Julia vino a El Círculo Rojo y conversamos un
poco sobre todo esto). Y me encanta que las monjas tengan la ambigüedad que
tienen las monjas en La novicia rebelde, y la ambigüedad que tiene la fantasía
del convento (no el convento, no me malinterpreten) como alejamiento de
la vida reducida a ser fuerza de trabajo y mercancía (subrayo fantasía,
no escapo a lo problemático y balbuceo un argumento incompleto acá).
Y hablando de brujas, ya casi pueden ver el nuevo episodio de Bibliografía
obligatoria sobre brujas, aprovechando que se acerca
octubre. Entre marketing, fiestas propias e importadas, hay una historia de
persecución que a veces olvidamos hasta que vemos una pancarta que dice “Somos
las nietas de las brujas que no pudieron quemar”. Mientras tanto, te adelanto
una recomendación: Brujas (Alfaguara, 2019) es una novela de la
escritora mexicana Brenda Lozano. Feliciana es una curandera del pueblo
de San Felipe. No habla castellano pero domina algo llamado “El Lenguaje”, una
técnica espiritual proveniente de los pueblos originarios. Investiga el
femicidio de su prima Paloma, una mujer muxe.
No es momento de indirectas así que el sábado 19 de septiembre nos
vemos en la marcha
de la bronca (hay convocatorias en todo el país). En Buenos
Aires, nos reunimos en Congreso a las 15:30 y marchamos a Plaza de Mayo. Ojalá
nos veamos por ahí.
Recordatorio permanente. Los sábados a las 12 en Radio Con Vos
hacemos El Círculo Rojo. Podés vernos y escucharnos y, si tenés
ganas, sumarte a nuestra comunidad (nos ayudás con
lo que podés y a cambio hay algunos descuentos). Si querés contarme algo,
escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las
entregas anteriores.


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