lo que mi abuela
no sabe es que
dios también es
petrolero
viaja
en primera clase
llega al sur y
nos manda
a perforar pozos
dios come guanaco
y eructa su cuero
abre la tierra
hasta que crujen
las napas
Las estrofas son de Mara Parra, de su poema “Dios también es
petrolero”. En otra estrofa dice que Dios cuenta billetes en moneda extranjera.
En su libro A nosotras su reino (Santos Locos Poesía) flotan como
plásticos en el mar la contaminación y la reducción de la tierra, el agua, los
animales, nosotras mismas, a meras mercancías, objetos de explotación y
consumo: “llueve amargo / los corales / tienen fiebre / vamos a Zara / y
compramos tejidos / con etiquetas que dicen / ARTESANAL”.
La poesía corre a nuestro auxilio cuando
quieren confundirnos
con promesas de dólares y progreso, cuando quieren que creamos que el éxito de
las mineras y las petroleras va a ser el nuestro, pero ya sabemos que las
penas son de nosotros, las minas y los pozos son ajenos. Dicen que quieren “proteger la propiedad privada”
pero vos y yo sabemos que lo que quieren son más ventajas para quemar,
desalojar y poner el cartelito de “en venta”. Despojo y extractivismo para
contar billetes en moneda extranjera. Vos y yo sabemos también que el
jueves 6 de agosto hay que rodear el Congreso para que no puedan votar la ley de extranjerización de tierras.
Otro proyecto que buscan tratar en el Senado es el de Carolina
Losada contra las mujeres que denuncian la violencia machista y que ella
llama ley de “falsas denuncias” (se acumulan los rechazos y no se incluiría en la sesión del 6 de agosto, pero se
mantienen las convocatorias contra el silenciamiento y la impunidad). El
proyecto es otro episodio de la batalla cultural en la que insiste el
gobierno de Javier Milei al mismo tiempo que desprecia la vida de las mujeres
cada vez que puede. El presidente dice: “no solo tenemos los registros de
violencia más bajos de la historia, sino que pulverizamos la
violencia contra las mujeres”, pero entre enero y julio de 2026 se estima que hubo 300 tentativas y 142 víctimas
fatales de femicidio y la única constante en su gestión fue vaciar,
desmantelar y desfinanciar todas las políticas de atención de la violencia de
género.
Imaginación y utopías
“¿Cómo ha sobrevivido? Con imaginación y voluntad, respondo. Con memoria
y ficción. Mucha memoria y mucha ficción”, escribe Nona Fernández sobre Mauricio
Hernández Norambuena, en realidad sobre el Mauricio Hernández Norambuena de su
novela Marciano (Random House). Al principio, es un desafío
aceptar las reglas de la novela, pero a medida que avanzan las páginas, las conversaciones y los
recuerdos te van envolviendo, mientras compartís la experiencia del encierro,
entrando y saliendo con la autora, buscando formas de vivirlo junto con el
protagonista. Hernández Norambuena, conocido como Comandante Ramiro, estuvo
preso en Brasil en condiciones de aislamiento total y fue extraditado a Chile
en 2019, donde vive privado de su libertad en una cárcel de alta seguridad. En
esta conversación, su sobrino y abogado defensor Mauricio
Menares Hernández habla de su situación actual. Sigue, como dice el Mauricio de
la novela, “en permanente excepción”.
Es un texto difícil de definir porque combina muchos formatos, repleto
de oralidad y poesía, imágenes y algunos encuentros y desencuentros
entre narradora y narrado. Esta
especie de biografía literaria no se limita a Hernández
Norambuena, de alguna forma retrata una generación que soñó y luchó para sacar
a la historia “de ese bucle eterno
de repeticiones imposibles de revertir”, para hacerla avanzar. Creo que es lo
más interesante del libro, cómo escribir una generación revolucionaria,
sin eludir los debates; algunos de ellos presentes en la propia conversación
entre la autora y el protagonista (o, al menos, lo que ella escribe de esas
conversaciones, con algunos detalles comentados y otros desmentidos por el
propio Mauricio en su ficha de lectura de Marciano). Creo que es muy
valioso contar esa generación, cercana y lejana a la vez, muchas veces
idealizada y victimizada. En la novela, la narradora tiene lectura e ideas
propias, pero nunca deja que eso nuble su mirada sobre él.
La literatura tiene un lugar muy
importante. Al principio solo son fichas de lectura, pero ya avanzado el relato,
las lecturas lo van invadiendo todo: los recuerdos, las charlas, las
cartas a la hermana y el sobrino. “En un acto clandestino y privado, me fugué
tantos días como libros pude leer. Y nadie lo supo”. ¿No es un poco lo que
hacemos cada vez que leemos? Quizás no estamos fugándonos de un penal de máxima
seguridad, pero sí nos fugamos un rato de la prisión de la realidad
cotidiana. Pero no hablo de un escape de fingir demencia (igual, a favor),
sino un escape de lo que nos impide imaginar un futuro distinto, mejor, a la
promesa de degradación permanente de las sociedades en las que vivimos. Nona
Fernández dice que necesitamos “energía revolucionaria
para cambiar lo que está pasando”; ella dice “no
estoy hablando de una revolución” (yo creo que sí habla de una revolución, aunque no sea la revolución,
igual acepto la energía para empezar la conversación por alguna parte). No
habla solo de resistir: “hay que resistir, sí, pero yo creo que tenemos
que ser más ambiciosos, tenemos que intentar disponer de un pensamiento utópico
y a lo mejor equivocarnos de nuevo, da lo mismo, pero intentar algo. Porque si
no, no sé qué va a pasar. Y no quiero pensar catastróficamente, porque no me
gusta pensar catastróficamente. Me niego a eso”. Esas son las fugas que me
gustan: colgada de un helicóptero, escapando de una cárcel de máxima
seguridad, o -mejor todavía- del pensamiento catastrófico.
Obsesiones en curso y
parroquiales
Ni bien empecé a escribir este
artículo para Nueva Sociedad sobre el derecho a la ciudad
en un paisaje urbano diseñado para el turismo y los negocios, ya tenía decidido
hablar sobre las combatientes de Kelly’s
Bush (imposible no pensar en las
mamás de Corby). Después de que ninguna institución las
escuchara, estas amas de casa australianas no se dieron por vencidas, sino que
se acercaron al sindicato de obreros de la construcción que debía construir el
complejo que destruiría la última franja de bosque nativo de la ribera del río
Parramatta. ¿El resultado? La compañía no pudo colocar un solo ladrillo en el
terreno.
Hace unas semanas
presentamos Agrupémonos
todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases (Ediciones IPS),
un libro de Jorge Remacha
sobre historias que están mucho más entrelazadas de lo que parece. Hablamos de
política, de movimientos, de historia, pero también del futuro, con mucha gente
que en estas épocas hipervirtuales se acercó a conversar cara a cara. A lo
mejor, al ver este video, te dan ganas de participar de la próxima.
Hablando de
conversar cara a cara, el domingo 16 de agosto voy a participar del 20º Encuentro
de la Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular en La Plata (acá
podés ver todo el cronograma). Vamos a
charlar sobre cómo construir una comunicación transfeminista y ecosocialista,
en el Centro Social y Cultural Olga Vázquez (Av. 60 772).
Recordatorio permanente. Los sábados a las 12 en Radio Con Vos
hacemos El Círculo Rojo. Podés vernos y escucharnos y, si tenés
ganas, sumarte a nuestra comunidad (nos ayudás con
lo que podés y a cambio hay algunos descuentos). Si querés contarme algo,
escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las
entregas anteriores.
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