3/6/26

Cómo borrar un femicidio

 


El hallazgo del cuerpo de Agostina Vega en Córdoba evidenció la cruda vigencia de la violencia de género y su expresión más aguda, los femicidios. A contramano del negacionismo oficial y el clima de “a nadie le importa” que se respira en la mayoría de los medios de comunicación, la violencia machista sigue siendo un problema grave y la Policía y el poder judicial siguen actuando con desidia, desprecio y desinterés patriarcal.  

El presidente y sus voceros se dedicaron a confirmar que sus políticas no tienen nada que ver con el ahorro fiscal o la igualdad ante la ley. Las medidas que impulsó este gobierno se alimentan de revancha y odio a las mujeres (no somos las únicas pero sí el bloque más numeroso). Un ejemplo que resume esta combinación es el ataque misógino (difundido por el propio Javier Milei) a la diputada nacional y referente del Frente de Izquierda Myriam Bregman, una de las dirigentes opositoras con mejor imagen hoy en Argentina. 

Las semanas previas al 3 de junio, cuando se cumple un nuevo aniversario de la primera marcha de Ni Una Menos en 2015, algunas organizaciones feministas alertaron sobre el retroceso en la lucha contra la violencia patriarcal que significaría revisar el fallo sobre el femicidio de Julieta González, asesinada en Mendoza en 2016

Borrar la violencia de género

La Corte Suprema de la Nación se prepara para revisar la condena por el femicidio de Julieta González. En primera instancia, Andrés Di Césare fue condenado a 18 años por homicidio simple. El tribunal provincial descartó la figura de femicidio con argumentos machistas como “era extrovertida”, "tenía varias relaciones". 

Esta no es una causa cualquiera porque las movilizaciones jugaron un rol clave. Ese fallo escandaloso de 2019 fue repudiado en las calles. La Corte Suprema mendocina lo revirtió en 2021 y condenó a Di Césare por femicidio a prisión perpetua. Su defensa presentó un recurso de impugnación de ese último fallo a la Corte Suprema de la Nación. En los hechos, lo que están pidiendo es que "borre la violencia machista del crimen". Un detalle: Di Césare es un hijo del poder, su papá es un empresario del transporte mendocino muy importante, con muchos recursos y abogados caros.

Leticia Morcos, abogada de la organización Líbera que siguió la causa desde el principio, alerta que si la Corte acepta los argumentos de la impugnación (que no eran una pareja estable ni había historial de violencia), las familias de las víctimas tendrán que superar obstáculos adicionales a los que ya existen. Y como explica Leticia, implica "convalidar que Julieta no podía ser víctima de violencia de género porque no tenía las características de una víctima, porque no era una mujer retraída, sumisa y sufriente".

Seguro no es la primera vez que se presenta un recurso así pero sí es la primera vez que la Corte Suprema lo revisa cuando el gobierno de turno tiene entre sus proyectos eliminar la figura de femicidio. Aunque hoy sea más material de la batalla cultural que otra cosa, ayuda a crear un contexto reaccionario. Algo similar consigue el proyecto de la senadora oficialista Carolina Losada que deslegitima las denuncias de abuso y violencia de género –hoy frenado por el rechazo que despertó y porque el gobierno no está en condiciones de sumar más problemas. 

¿Cuánto vale la vida de las mujeres?

Al presidente Javier Milei le gusta levantar el tono de voz y decir que su gobierno quiere eliminar la figura de femicidio del Código Penal en nombre de la igualdad ante la ley y porque todas las vidas valen lo mismo. Pero es mentira. La figura de femicidio no implica una discriminación contra los varones. Al contrario, reconoce que no existe igualdad real entre los géneros. Eliminarla no significa que todas las vidas valen lo mismo —implica que está bien que la vida de las mujeres valga menos. 

Revertir el fallo de una causa así implicaría un retroceso enorme. Enviaría el mensaje que quieren y esperan los reaccionarios: que los varones pueden disponer de los cuerpos de las mujeres. Que las feministas exageran, que fue una moda pasajera, que todo volverá a la normalidad. Esa normalidad incluye que en mayo de 2026 una mujer sea asesinada en su casa, después de que ella misma llamara a la Policía para denunciar que su novio la mantenía como rehén. Noelia Rivero tenía 30 años, una de sus amigas contó que el femicida Tomás Adrián Núñez “le prohibía trabajar fuera de horario o de noche, la hacía faltar, y si ella estaba en jornada laboral la obligaba a estar en llamada con él”. 

Karl Marx no conoció a Noelia pero pudo describir un tipo de violencia similar al que sufrió. Mientras analizaba los archivos de la Policía de París durante el periodo de la Restauración posterior a la Revolución de 1789, escribió sobre la esclavitud a la que eran sometidas las mujeres. Marx decía que el Código Civil y el derecho de propiedad permitían “al marido celoso encerrar a su esposa con los mismos cerrojos con los que el avaro cierra los baúles de su cofre. La mujer es parte del inventario”. Muchas cosas cambiaron desde entonces pero hay tiranías que siguen vivas y se reproducen en contextos inundados de cosas que parecen menos violentas que una puñalada: las burlas misóginas, la celebración de la cosificación, las humillaciones y el sentimiento de propiedad sobre los cuerpos de las mujeres. 

Este clima de negacionismo del poder, de desprecio y desidia de policías y jueces, ¿sabés qué otro ingrediente tiene? El silencio. El silencio de los medios de comunicación, de los grandes y tradicionales que borraron casi totalmente cualquier tema relacionado con la violencia de género. También borraron a las mujeres de la mayoría de sus programas y portales, ¿qué habrá pasado? ¿Las contrataron solo para cumplir? ¿En realidad nunca les interesó lo que tenemos para decir? El silencio de los medios nuevos, un silencio más cálido y simpático, de las risitas cuando se hace el chiste de las tetas de una legisladora, de los que no se les juegan cosas en el cuerpo, de los que sienten que no es necesario decir nada. 

Y finalmente el silencio de todos, de los varones que se sienten afuera del problema, de los que rechazan la violencia machista pero están a la defensiva entre sus pares, los que no discuten el chiste misógino, de los que dejan pasar el video violento “porque es IA”. Me gusta el cambio de enfoque que propuso una usuaria de la red social X, cada 31 horas un varón argentino se convierte en femicida: ¿por qué no hablan de esto en sus grupos de WhatsApp? ¿Cuántas veces le dijiste a un amigo tuyo “cómo puede ser, hagamos algo”? Para los que quieran, los feminismos tienen ideas, argumentos y sobre todo un lugar que también pueden sentir como propio

Antes de que encontraran los cuerpos de Agostina en Córdoba, de Dulce en Eldorado (Misiones), de Noelia Temperley y las que no conocemos, la Casa del Encuentro ya había registrado 87 femicidios en lo que va de 2026. El recorte de las políticas que atendían a las víctimas de violencia machista llega al 89 %, según estima la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. Los feminismos y sus demandas siguen siendo utilizados como combustible para la batalla cultural del gobierno. No existe ningún motivo para que no vayas a la marcha hoy, no existe ningún motivo para que no insistas en tu agrupación, centro de estudiantes, sindicato, grupo de amigas, amigos, amigues para estar. Y sobre todo: que el 3J no sea una fecha folclórica. 

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Bibliografía obligatoria. ¿Por qué decimos Ni Una Menos? Esta y otras historias del movimiento feminista de Argentina las conté en una columna de Youtube que hago en La Izquierda Diario. La semana pasada salió un nuevo episodio: La máquina del diablo que revolucionó la vida de las mujeres. ¿Por qué querían evitar que las mujeres anden en bicicleta? ¿Por qué decían que los pantalones iban a destruir la familia? ¿Por qué los bolsillos eran y siguen siendo un campo de batalla? Tres cosas de todos los días en el centro de la lucha por la emancipación de las mujeres. 

 

20/5/26

El presidente no tiene quien lo escuche

 


Quizás no sea el mejor momento (o sí) para recordar que Javier Milei se hizo a sí mismo hablando. En medio de una crisis que no encuentra salida por el momento, la verborragia del presidente parece dañar el valor de la palabra presidencial. Irónicamente, el presidente que se hizo hablando hoy se enfrenta a una audiencia cada vez más pequeña o menos interesada en lo que él quiere decir. De todas formas, insiste en hablar sin parar: economía, matemática, genética, legislación, condena moral, religión, la lista sigue.

Juan José Becerra escribe en Milei, fenómeno verbal (Siglo XXI) que las apariciones televisivas del Milei panelista "dejaban en el aire un efecto que se fue convirtiendo en una mitología. Si no alcanzaba a desarrollar los frondosos postulados de sus ideas en su totalidad, no era porque no supiera, sino porque sabía demasiado". Como presidente, desde el día cero, exprimió esa "superstición de superioridad" y esa mitología que se ocupó de alimentar cada vez que tuvo a mano un periodista, funcionario o legislador dispuesto a colaborar. El libro de Becerra recorre el universo de ideas y palabras que hacen al fenómeno verbal, en discursos, libros y entrevistas. Creo que es un ejercicio valioso cuando parece que no hay tiempo ni motivos para indagar más allá de la coyuntura, la noticia que rebota o la cantidad de me gusta en la publicación equis.

Un plus que agradezco son las herramientas literarias para analizar el vanguardismo de Milei, una definición para su prosa y su versión internacional que supo flotar en paralelo al Milei presidente, "que despliega por los escenarios del mundo, rendidos a la novedad que encarna, incluso —o sobre todo— a sus formalismos espectaculares de freak, su discurso de conquistador anacrónico". Becerra se detiene en las asambleas del foro de Davos en 2024 y 2025, escenarios en los que se empacha de guerra cultural contra el "feminismo radical", el "virus mental de la ideología woke" y la "agenda sanguinaria y asesina del aborto". El autor subraya el cambio de actitud entre ambos discursos: si en el primero hablaba desde una especie de humildad, en el de 2025 ya está consolidado como estrella internacional de la ultraderecha: "Cuánto ha cambiado en tan poco tiempo. Hace un año me paré aquí frente a ustedes en soledad y dije algunas verdades sobre el estado del mundo occidental que fueron recibidas con cierta sorpresa y estupor por buena parte del establishment político, económico y mediático de Occidente". Hay una expresión argentina, explica Becerra, "para describir la situación en dos palabras: está agrandado".

Estaba agrandado y eso colaboró, en parte, con su error de cálculo al despacharse con que "la ideología de género [una entidad creada a la medida de los intereses de la reacción] constituye lisa y llanamente abuso infantil. Son pedófilos, por lo tanto, quiero saber quién avala esos comportamientos". Nadie sospechó que un discurso en un foro económico en Suiza podría provocar una manifestación masiva en su propio país. Creo que ese momento también tuvo algo de "evento material", aunque no haya incluido dólares y cosechas. Sus palabras chocaron con una multitud que protestó porque le molestó la discriminación del presidente, porque se sentía discriminada y tenía bronca con un ajuste que todavía no había desplegado toda su fuerza. La protesta sirvió de plataforma temprana y megáfono del descontento popular que no encontraba otros canales en las centrales sindicales y partidos mayoritarios que ya hacían sus cálculos y jugaban al diálogo con el verdugo. Es cierto, no provocó el silencio, no "se apagó el megáfono que propalaba a los cuatro vientos –en estéreo– la magia del plan económico y la purificación de la política", como después de las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre de 2025. Sí se apagó ese megáfono, sí se produjo un silencio selectivo y discreto, sobre todo para no volver a producir otro recordatorio del potencial de la movilización (un evento material que Milei quisiera anular con su discurso). 

Me interesó la definición de bovarismo de Becerra: "las ideas son la realidad". "Milei lee con candor bovarista. Es un niño leyendo literatura infantil bajo el influjo del encantamiento, con la salvedad –es decir, el agravante– de que está leyendo economía. En ese régimen, no hay realidad más concreta que la textual". La mejor explicación es una escena de lectura en trance: cuando Milei lee a Rothbard y su anarcocapitalismo, le pasa como a Alonso Quijano en Don Quijote de la Mancha, que se vuelve caballero luego de leer novelas de caballería. Curiosamente, el epílogo del libro analiza la "antimateria formal" de las entrevistas largas, y menciona una en el streaming Neura con Alejandro Fantino y otra en Carajo con Daniel Parisini. Hace menos de una semana, el presidente repitió la hazaña, volvió a perderse en los "archipiélagos de la asociación libre" y terminó responsabilizando a las feministas por el quiebre del sistema previsional.

Paseo en la ciudad y la posibilidad de la ausencia

Lucy Patané y Barbi Recanati hicieron una versión de "Paseo", la canción de She Devils de su disco Horario invertido de 2007. La canción habla de un domingo, un día sin nada que hacer, de calles vacías y bares caros en los que nunca entraste, pero también habla de un tiempo que ya no está. La canción no es necesariamente nostálgica, aunque recuerda una ciudad que de alguna manera ya no existe, consumida por el olvido y la gentrificación y casi sin tiempo para no hacer nada. Una de las estrofas dice "intento llamarte pero nadie está", "no quiero volver si nadie me contesta". ¿Por qué alguien no respondería un llamado? Hoy te dirían "te está ghosteando, amiga", pero en la canción no existe la certeza porque ese teléfono podría pasarse el día entero sonando en una casa vacía, sobre un mueble y una carpetita tejida especialmente para él. La no respuesta siempre tiene explicaciones variadas, pero en la época sin celulares había una que podía ser excusa o explicación pero siempre ordenaba a las demás. "Y si no llegaste a la hora que tenías que llegar a esa esquina o a esa puerta del lugar, tal vez nos íbamos a desencontrar toda la noche. Esa sensación es como si se hubiera muerto porque ya está, ¿por qué no te voy a encontrar?", dice Barbi Recanati en la grabación. Hoy parece que la conexión permanente nos vuelve presentes en todas partes, pero es una presencia de baja intensidad, sin riesgos, ni buenos ni malos. No me interesa la nostalgia de ayer, me interesa esa posibilidad de ausencia y lo que hace con las certezas de nuestras soledades hiperconectadas hoy. El viernes 5 de junio van a tocar ese tema juntas en el Teatro Flores.

La primera vez que escuché hablar de She Devils fue en 2002 o 2003. Las nombraron en la Asamblea por el Derecho al Aborto de Buenos Aires, donde se las conocía por su EP “El aborto ilegal asesina mi libertad”, que había salido en 1997 y tenía una chica en skate levantándole la sotana a un cura y la frase "Miles de mujeres mueren diariamente en el tercer mundo a causa de la práctica del aborto clandestino". Un grito en medio del silencio. Lo presentaron en Cemento, donde hubo escaramuzas, debate con el público y repartieron volantes con la Comisión por el Derecho al Aborto. Esa intersección no va a ser una excepción para Pat Pietrafesa y Pilar Arrese que, con encuentros y desencuentros con los feminismos, mantendrán hasta hoy y a través de diferentes proyectos sus militancias y su hacer autogestivo. Podés leer su historia en Brilla la luz para ellas (Marea) de Romina Zanellato y escucharlas en Ruido y Sentimiento, otra aventura de Romina, donde hablan de ese querer hacer como espacio y como espíritu.

Ya que nombré a la Comisión por el Derecho al Aborto, en el último episodio de Bibliografía obligatoria hablo de esas activistas que hicieron olas antes de la marea verde, los pañuelos y el glitter. Las indispensables que levantaron la voz en medio de la sordera de los años noventa, las que hicieron la primera lista de demandas en 1910 y las que organizaron el primer 8M después de la caída de la dictadura. 

Parroquiales. ¿El año del blanco burgués? Escribí en Nueva Sociedad sobre la costumbre de los ricos y los poderosos de vestirse de blanco, a propósito de la elección de Pantone del blanco como el color del año. Reinas, novias, burgueses y la gramática del poder. Los sábados a las 12 en Radio Con Vos hacemos El Círculo Rojo. Podés vernos y escucharnos y, si tenés ganas, sumarte a nuestra comunidad (nos ayudás con lo que podés y a cambio hay algunos descuentos). Si querés contarme algo, escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las entregas anteriores.


6/5/26

Contra la desesperanza

 


Imaginar el futuro se volvió bastante difícil en los últimos años (o en las últimas décadas); parece que las batallas culturales se concentran en el pasado y el presente. Es una ventaja con la que cuentan hoy las clases dominantes. En esa imposibilidad —o en la certeza de que todo lo que viene será peor— se sostiene una parte del statu quo: no hagan olas, elijan la opción moderada, no provoquen a los poderosos, todo puede ser peor. La miseria del presente solo promete profundizarse: una democracia todavía más restringida, trabajar todavía más con menos derechos, un planeta todavía más destruido. ¿Por qué solo esperamos una catástrofe?

“La forma en que imaginamos el futuro está fuertemente condicionada por los productos culturales que consumimos… La oleada distópica lo ha inundado todo, sin apenas excepciones”, esto lo escribe Layla Martínez en Utopía no es una isla. Catálogos de mundos mejores (Madreselva). En el libro recorre diferentes utopías que motorizaron luchas y movimientos. Algo que tienen en común muchas de ellas es la igualdad; no importa si son más o menos religiosas, feministas, socialistas o identitarias: la idea de vivir en igualdad estuvo (y creo que sigue estando) en el corazón y la cabeza de esos mundos mejores.

Las producciones culturales no estuvieron siempre dominadas por la distopía. Utopía no es una isla rescata a varias autoras de mundos utópicos, el mejor lugar para “imaginar sociedades donde los roles de género habían sido subvertidos o directamente abolidos”. Entre ellos está Unveiling a Parallel: a Romance (algo así como “Descubriendo un paralelo: un romance”), un libro publicado bajo el seudónimo “Dos mujeres del Oeste” (Alice Ilgenfritz Jones y Ella Merchant). El protagonista viaja a Marte en un aeroplano y descubre dos sociedades: Paleveria, donde los roles están invertidos y las mujeres son dominantes (ahí las autoras trafican una sátira del patriarcado), y Caskia, donde las personas viven en igualdad, la utopía perfecta de las feministas que perseguían la igualdad en la Tierra todos los días. La ciencia ficción feminista de la primera ola no fue el único lugar donde se colaron las críticas a las sociedades patriarcales, los relatos de fantasmas también fueron herramienta de escritoras feministas, sufragistas y otras activistas por la igualdad, como Amelia B. Edwards, Vernon Lee y otras que podés leer en Damas oscuras (Impedimenta).

El catálogo no elude las discusiones que siempre habitaron las utopías, incluso la idea misma de lo utópico. Me gusta la aparición de Karl Marx y Friedrich Engels en el recorrido, dando un golpe en la mesa al proponer que esos mundos mejores no se limiten a sueños de difícil realización cuando el mundo entero podría ser un paraíso. “La aparición del marxismo supone un cambio fundamental en la historia de la búsqueda de una sociedad ideal y en la concepción del futuro”, escribe la autora, y subraya la indefinición de ese futuro comunista. A favor de la indefinición por lo que explican Marx y Engels —que el comunismo es un movimiento real,  no algo que se fije para siempre sino que se construye de forma permanente—, pero también por conclusiones que se desprenden de algunas de las experiencias que reúne el libro, que justamente encontraron un talón de Aquiles en la definición excesiva de cómo debía ser la vida ideal.

Más allá de lo que pienses de cada una de las utopías, la lectura de las ideas y los proyectos de futuros muy distintos (todos mejores) me parece sugerente y estimulante cuando parece (subrayo parece) que vivimos en el sueño de Margaret Thatcher: no hay alternativa, no existe la sociedad, solo individuos. Hoy, cuando ya pasaron varias décadas de los años de euforia, del fin de la historia, es cierto que el neoliberalismo colonizó muchísimos ámbitos de nuestra vida, pero “también es cierto que las grietas están por todas partes”. Layla se mete también con algo que colabora constantemente con el bloqueo del futuro y parece más inofensivo; ella lo llama “nostalgia viscosa”, en la que “el futuro se presenta invariablemente como peor que el presente”.

La renuncia a imaginar un mundo mejor aumenta la tolerancia con la promesa miserable de las democracias capitalistas y fortalece en el presente las opciones políticas “menos peores”, que aceptan demasiadas concesiones en nombre de evitar males todavía más grandes. Al contrario, la invitación y la incitación a imaginar otro futuro que no sea la catástrofe inevitable me parecen subversivas en el mejor de los sentidos. Una de las ideas que más me gustan es que “la desesperanza es pura propaganda”, porque les habla a los cínicos y los agoreros de la derrota permanente, pero también —y sobre todo— nos habla a nosotras, las personas que insistimos en imaginar un futuro alternativo.

El futuro emplumado. Layla Martínez escribe que el mundo que ella imagina “es un mundo de vínculos fuertes, entre nosotros y con otras especies, de redes de parentesco que desborden la familia biológica, de una solidaridad multiespecie que permita entendernos como parte de un equilibrio delicado pero hermoso”. Una de mis utopías favoritas también viene de la literatura, de Las aventuras de la China Iron (Penguin) de Gabriela Cabezón Cámara, en las islas donde nadie trabaja más que lo necesario; donde convivimos con los animales, las plantas y el río; donde el tiempo es nuestro, para “hacer muñecos o dioses con juncos trenzados, de contar y cantar historias de amor y de guerra y de remo”, y Fierro puede ser Fierro y Kurusu, él y ella o lo que quiera. Y, como Marx y Engels, no quiero que sean pequeños sueños de difícil realización, quiero que el mundo entero sea un paraíso. Moderarse no es una opción, “moderada nunca”, dijo Myriam Bregman en el acto del 1 de Mayo, me parece adecuado hablando de pensar mundos mejores. ¿No lo viste o solo te cruzaste con recortes en algún canal o stream? Acá podés mirarlo completo

Revanchismo. Entre las batallas urgentes de hoy, se espera el tratamiento en el Senado del proyecto de Carolina Losada (Juntos por el Cambio) contra las mujeres, personas LGBT, niñas, niños y adolescentes. Disfrazado de preocupación por las “falsas denuncias” (sin cifras que lo respalden), el proyecto no es otra cosa que revanchismo con un objetivo claro: silencio, impunidad y disciplinamiento. Aunque cuenta con dictamen favorable de la comisión de Justicia y Asuntos Penales de la cámara alta, se acumulan las dudas de los aliados y el rechazo de referentes y militantes de su propio partido. Pero estos obstáculos tardíos y ocasionales no alcanzan; la única garantía de que no avancen los reaccionarios es rechazarlo sin peros y oponer nuestra movilización. No estamos exagerando. Organizadas y en la calle siempre.

Bibliografía obligatoria. Delgadez extrema, mandatos de belleza y roles de género tradicionales. ¿Por qué parece que los cuerpos de las mujeres vuelven a ser disciplinados como si nada hubiera pasado? ¿Por qué sigue vigente el mandato de la belleza? De eso se trata la nueva entrega de Bibliografía obligatoria. Si ya la viste, contame qué te pareció (y también si creés que hay un tema obligatorio).