El lunes 12 de octubre finalizó el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersex y No Binaries en la ciudad de Córdoba. La sede del 40º Encuentro será la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el punto de partida de este ¿evento? único en el mundo por su funcionamiento y permanencia en el tiempo. ¿Cómo fue la primera vez? Acá podés leer algo de esa historia.
Hace años que muchas personas, colectivos y organizaciones reclamamos que el Encuentro se realice en Buenos Aires, como una forma de hacer sentir la potencia del movimiento en el centro del poder político del país. La discusión de la sede no es la única: también hace años que diferentes colectivos y agrupaciones (acá me incluyo a mí y a mis compañeras de Pan y Rosas) proponemos que existan mecanismos democráticos para construir planes de lucha, articular con otros movimientos y llevar resoluciones concretas a nuestros lugares, de la misma forma que lo hacemos en las asambleas feministas, estudiantiles o sindicales. Al contrario de lo que sostienen algunos sectores, votar no anula la búsqueda de consensos; permite expresar mayorías y minorías cuando no es posible alcanzarlos. El ejercicio de la democracia asamblearia está muy conectado con el hacer colectivo de los feminismos, una de las características más odiadas por la reacción de derecha y más incómodas para los gobiernos que intentan institucionalizar el movimiento y apropiarse de sus conquistas.
Las feministas no vamos a sentarnos a esperar el 2027 (aplica a cualquier interpretación posible). En los talleres y en las marchas del Encuentro estuvo presente una fecha mucho más cercana: el 15 de octubre para que caiga el decreto 70/2023 y crezca la organización de la bronca. Si algo caracterizó a la última década feminista fue la organización local, nacional (y hasta internacional), mediante asambleas, coordinadoras y campañas. Ni Una Menos y la Marea Verde fueron solamente dos de los ejemplos más conocidos. El gobierno de Javier Milei nos eligió como enemigas desde el día cero, seamos enemigas en serio.
Antígona González y las antígonas
Antígona González busca a su hermano Tadeo. “:No quería ser una Antígona / pero me tocó”, dice Antígona en Antígona González (Concreto), de la escritora mexicana Sara Uribe. Es un poco difícil definir el género del libro, pero es muy fácil explicar de qué se trata porque es una historia espantosamente común en Latinoamérica. En nuestro continente basta decir “está desaparecido, está desaparecida” para entender la trama de complicidad de policías, jueces, militares, políticos, empresarios (legales o ilegales), con la impunidad estatal como marca imborrable. Dictaduras, democracias restringidas, gobiernos autoritarios, gobiernos desinteresados en la vida de la mayoría, todos tienen sus desaparecidos y desaparecidas.
“: Como el sueño, eras lo que desaparece, y eras también / todos esos lugares vacíos que no desaparecen”, escribe Antígona mientras busca un cuerpo entre todos los cuerpos. Y es de alguna manera una advertencia, un llamado a la acción en voz baja: “Todos aquí iremos desapareciendo si nos quedamos inermes sólo viéndonos entre nosotros, viendo cómo desaparecemos uno a uno”. Tadeo está desaparecido y hay una mujer que busca mientras paga las cuentas y sigue yendo a trabajar. “La vida nunca detiene su curso por catástrofes personales”, mientras las que buscan continúan “la absurda, la extenuante, la impostergable labor de desenterrar un cuerpo para volver a enterrarlo”.
El libro de Sara Uribe vive entre la poesía y una especie de prosa fragmentada, que oxigena con algunas pausas un relato crudo. Hay también rastros literarios de otras Antígonas, como Antígona Vélez, de Leopoldo Marechal, en la que le niegan el entierro a Ignacio Vélez, señalado como el desertor, el enemigo. Aunque Marechal la escribió en 1951 y la estrenaron el mismo año en el Teatro Nacional Cervantes, la idea del cuerpo que no se puede enterrar encuentra una referencia directa en las desapariciones forzadas de la última dictadura, que no fueron el fin “sino el medio de las prácticas sociales genocidas”. Luciana Kirjner recupera esa idea de Daniel Feierstein en su posfacio, donde también hilvana los femicidios en el entramado de la dominación mediante el terror. El libro incluye además un apartado en el que Sara detalla cuidadosamente las referencias literarias que cruzan y alimentan su relato. Esas páginas son, a su vez, un mapa de posibles lecturas que se multiplican al infinito.
Obsesiones en curso y parroquiales
Un fragmento de Antígona González habla de quién fue esa persona que buscan, quién fue antes de ser un número, una noticia. Me hizo pensar en La memoria futura, una pieza performática (no sé si se dice así, pero no es una obra de teatro clásica) de Luciana Mastromauro y Eugenia Pérez Tomas. Son cuatro recorridos en el Parque de la Memoria de la ciudad de Buenos Aires que recuperan las historias de abuelas de Plaza de Mayo. Caminás con las actrices que interpretan a esas mujeres que buscan, mientras el Estado responsable de las desapariciones garantiza la impunidad y mantiene el secreto. Lo más interesante y conmovedor de La memoria futura es que cuenta la historia de las mujeres que siempre contaron la de sus hijas e hijos, y que imaginaron —algunas llegaron a conocer— a sus nietas y nietos, aunque de ellas no sabemos casi nada. Atención a sus redes para las próximas funciones.
Obsesiones en curso y parroquiales (versión YouTube)
Volviendo de Córdoba, vi la charla de Romina Zanellato con Cazzu en Ruido y Sentimiento. En esta época de recortes frenéticos y cuestionarios telegráficos, me parecen muy valiosas las charlas que se toman su tiempo, que tienen espacio para la conversación, para pensar, para las palabras y las ideas. No soy muy seguidora de la música de Cazzu, pero siempre me parecen atractivas sus invitaciones y sus búsquedas. En esta conversación hay mucho de eso, de su obsesión por la autenticidad y también algo de su mirada feminista (la relectura de sus propias letras como “Chapiadora” con conclusiones diferentes sobre la relación con el dinero y las dimensiones de género). El corazón siempre está en la música, desde “cómo convertir en cool ser jujeñx” hasta las formas mismas de hacerla, los ritmos, las canciones. Anoté una frase que dice Cazzu, que suena un poco a obviedad, pero vivimos en sociedades que naturalizan exactamente lo contrario: “tiene que cambiar la vida para que cambie la música”.
En pleno ocaso de la tendencia tradwife, hicimos un episodio de Fuera del algoritmo sobre la fantasía de las esposas tradicionales y el minotauro de la ciencia ficción. Hablamos de la novela Yesteryear, de Caro Claire Burke, y de la aventura de Paco Porrúa con la editorial Minotauro a propósito del ensayo de Felipe Castagnet. Literatura, tendencias, mercado y géneros.
Recién salido del horno digital. Bibliografía complementaria y mis obsesiones del mes, nuevo episodio del ¿universo? de Bibliografía obligatoria. Desmenuzamos las recomendaciones del episodio de las brujas y algunas obsesiones que inundaron mi algoritmo este mes. Podés verlo en el canal de YouTube de La Izquierda Diario y comentar si te gusta, te interesa o tenés sugerencias.

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