Casi con el pan dulce en una mano y la sidra en la otra, me despido por este año, que parecen dos comprimidos en uno. Un poco por el ritmo frenético argentino, un poco porque la vida en el capitalismo contemporáneo es frenética. Además del trabajo, que organiza la vida de la mayoría, nuestro tiempo fuera de él es ocupado por el trabajo reproductivo y de cuidados, que hoy incluye gestionar el endeudamiento y los malabares para estirar hasta el último peso con promociones y descuentos (si sos una mujer, todo se multiplica). Pero no termina ahí. La fracción del día que queda suele estar colonizada por el consumo (que no es solo comprar sino también las plataformas y las redes sociales, donde se consumen contenidos y productos) y la idea de que no estamos haciendo algo “útil”, no lo estamos “aprovechando”. El tiempo libre, el ocio, el “no hacer nada”, se volvieron una rareza en nuestras vidas.
En Argentina, se prepara el debate de una reforma laboral con las narrativas de ocasión (modernizar, liberar, flexibilizar) pero todos los cañones apuntan a precarizar, exprimir y explotar. El tiempo siempre fue un campo de batalla entre trabajadores y trabajadoras y empresarios. Hoy no es la excepción y existe un nivel extra de dificultad por todas esas cosas que nos van comiendo el tiempo libre que -dicen- “no sirve” para nada.
En esta conversación de Natalia Romé y Carolina Ré con Mechi López Ortiz en Estratósfera hablan de política, trabajo, tecnología y algunas ideas de futuro que dan vueltas. La charla está llena de ideas sugerentes, reflexiones sobre el tiempo y cómo el neoliberalismo no es solamente algo que pasa por arriba sino que moldea nuestra relación con él, nuestra forma de pensar los vínculos interpersonales y a nosotros mismos. Natalia Romé lo resume en la idea de “neoliberales somos todos” porque el neoliberalismo es un clima de época dominante, una trama más profunda que solamente algo político o económico. Carolina Ré habla sobre cómo la noción de lo eficiente inunda muchos aspectos de nuestra vida: “la lógica de la eficiencia, esto de hago algo por su uso… por lo que me va a servir como proyecto. Lo podemos pensar inclusive en los vínculos amorosos; todo el mundo se queja, “hoy las relaciones no duran, se cortan enseguida”. Bueno, porque hay algo más que la propia relación, es cómo estamos tramados en donde primero pensamos en nuestro bienestar, en nuestro beneficio, en la eficiencia que nos otorga ese vínculo de alguna manera… Estoy hablando ni siquiera de parejas consolidadas, sino en vínculos amorosos, de cualquier índole, amistades, sexoafectivos. Ahí también hay una lógica de “¿para qué voy a gastar mi tiempo en tres citas si después esto no da para nada?”.
Algo muy interesante que aparece en la conversación es cómo el movimiento feminista y su hacer colectivo proponen otras formas de pensarnos. La reacción antifeminista también tiene que ver con esto, por eso no se limita a los discursos de Milei y La Libertad Avanza, porque en un momento marcado por lo individual, la meritocracia y la eficiencia (ideas que no aparecieron en diciembre de 2023), los feminismos recuperaron el lenguaje colectivo de las huelgas, los paros, la acción callejera, la asamblea y el debate permanente. Y algo que ambas señalan es que la institucionalización se alejó de ese poder para reducirlo a algo que ofrezca resultados, que produzca un “efecto ya, un efecto calculable, medible”, explica Natalia Romé, “y entonces eso nos lleva la política solamente al terreno de lo electoral. La política es muchas otras cosas”. La charla sigue por mil lugares, todos interesantes, por eso vuelvo a insistir en la recomendación. Pensar cuán profundo llega a impactar esta trama neoliberal en nuestras subjetividades me parece vital para disputarla en la calle siempre, pero también en la batalla cultural (que no es otra cosa que una batalla por las ideas, por las formas de imaginar otro mundo, otro futuro y, de esa forma, construir otro presente).
“La política es muchas otras cosas” también me parece algo para tener en mente cada vez que algún streamer o político te quiera convencer de que lo que queda es esperar a la próxima elección. Los tiempos de la política (o de la vida) no son los tiempos electorales y los resultados suelen ser menos lineales que circunstanciales, por eso siempre me interesan los debates y las conversaciones que discuten el fatalismo y el derrotismo. Mientras los analistas del “no pasa nada” o “esto votaron” repiten el “hecho consumado” como dogma, se amasan resistencias, se preparan ofensivas, se recuperan tradiciones que parecían olvidadas y nacen nuevas. No es un ejercicio de fe sino de historia, no hay evoluciones naturales ni futuros inevitables; la acción colectiva, la rebelión, la lucha de clases, fueron siempre el motor de los cambios. “No se trata de endulzar el diagnóstico, sino de evitar que esa gravedad se transforme en parálisis. Hay que nombrar sin eufemismos, pero es una obligación identificar los puntos donde se condensa la tensión y organizar fuerza para intervenir cuando esas tensiones se rompan”, esto es de una de las editoriales de Fernando Rosso en El Círculo Rojo y me gusta como respuesta a los dogmáticos de la derrota. Disculpas por repetir, pero creo que sigue siendo indispensable resistir retrocesos y reacciones, insistir aunque no sea vistoso y persistir aunque parezca que nadie está escuchando.
Bajar un cambio
Siempre me gustaron los días entre Navidad y Año Nuevo porque, aunque son un poco melancólicos, cuando era chica me parecía que el mundo se detenía un rato incluso en medio del caos. En la vida real nada se detiene pero quizás pueden ser una excusa para bajarse un poco de la eficiencia y la productividad permanente de las cosas útiles.
Acá te dejo las entregas de este año (y podés leer todas las anteriores en www.nosomosunahermandad.com):
Esto es una emergencia
¿Sueñan las robots con novios deconstruidos eléctricos?
Toque de queda
El cuarto y la fábrica
La zurda que diseñó tu cocina
¿Segundo Francia?
Décadas ganadas
Una niñera filipina
Resistir, insistir, persistir
Ni señora ni señorita
Cinco años de “es más complejo”
La importancia de llamarse Belén
Escrito en el cuerpo
Levantar la voz
¿Bebés en extinción?
Látigos y votos
Me despido (atenta a cualquier emergencia) y espero que termines el año con la gente que querés cerca, festejes lo que te guste festejar y disfrutes si sos más de comer una pizza mirando Duro de matar el 24 de diciembre.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario