El hallazgo del cuerpo de Agostina Vega en Córdoba evidenció la cruda vigencia de la violencia de género y su expresión más aguda, los femicidios. A contramano del negacionismo oficial y el clima de “a nadie le importa” que se respira en la mayoría de los medios de comunicación, la violencia machista sigue siendo un problema grave y la Policía y el poder judicial siguen actuando con desidia, desprecio y desinterés patriarcal.
El presidente y sus voceros se dedicaron a confirmar que sus políticas no tienen nada que ver con el ahorro fiscal o la igualdad ante la ley. Las medidas que impulsó este gobierno se alimentan de revancha y odio a las mujeres (no somos las únicas pero sí el bloque más numeroso). Un ejemplo que resume esta combinación es el ataque misógino (difundido por el propio Javier Milei) a la diputada nacional y referente del Frente de Izquierda Myriam Bregman, una de las dirigentes opositoras con mejor imagen hoy en Argentina.
Las semanas previas al 3 de junio, cuando se cumple un nuevo aniversario de la primera marcha de Ni Una Menos en 2015, algunas organizaciones feministas alertaron sobre el retroceso en la lucha contra la violencia patriarcal que significaría revisar el fallo sobre el femicidio de Julieta González, asesinada en Mendoza en 2016.
Borrar la violencia de género
La Corte Suprema de la Nación se prepara para revisar la condena por el femicidio de Julieta González. En primera instancia, Andrés Di Césare fue condenado a 18 años por homicidio simple. El tribunal provincial descartó la figura de femicidio con argumentos machistas como “era extrovertida”, "tenía varias relaciones".
Esta no es una causa cualquiera porque las movilizaciones jugaron un rol clave. Ese fallo escandaloso de 2019 fue repudiado en las calles. La Corte Suprema mendocina lo revirtió en 2021 y condenó a Di Césare por femicidio a prisión perpetua. Su defensa presentó un recurso de impugnación de ese último fallo a la Corte Suprema de la Nación. En los hechos, lo que están pidiendo es que "borre la violencia machista del crimen". Un detalle: Di Césare es un hijo del poder, su papá es un empresario del transporte mendocino muy importante, con muchos recursos y abogados caros.
Leticia Morcos, abogada de la organización Líbera que siguió la causa desde el principio, alerta que si la Corte acepta los argumentos de la impugnación (que no eran una pareja estable ni había historial de violencia), las familias de las víctimas tendrán que superar obstáculos adicionales a los que ya existen. Y como explica Leticia, implica "convalidar que Julieta no podía ser víctima de violencia de género porque no tenía las características de una víctima, porque no era una mujer retraída, sumisa y sufriente".
Seguro no es la primera vez que se presenta un recurso así pero sí es la primera vez que la Corte Suprema lo revisa cuando el gobierno de turno tiene entre sus proyectos eliminar la figura de femicidio. Aunque hoy sea más material de la batalla cultural que otra cosa, ayuda a crear un contexto reaccionario. Algo similar consigue el proyecto de la senadora oficialista Carolina Losada que deslegitima las denuncias de abuso y violencia de género –hoy frenado por el rechazo que despertó y porque el gobierno no está en condiciones de sumar más problemas.
¿Cuánto vale la vida de las mujeres?
Al presidente Javier Milei le gusta levantar el tono de voz y decir que su gobierno quiere eliminar la figura de femicidio del Código Penal en nombre de la igualdad ante la ley y porque todas las vidas valen lo mismo. Pero es mentira. La figura de femicidio no implica una discriminación contra los varones. Al contrario, reconoce que no existe igualdad real entre los géneros. Eliminarla no significa que todas las vidas valen lo mismo —implica que está bien que la vida de las mujeres valga menos.
Revertir el fallo de una causa así implicaría un retroceso enorme. Enviaría el mensaje que quieren y esperan los reaccionarios: que los varones pueden disponer de los cuerpos de las mujeres. Que las feministas exageran, que fue una moda pasajera, que todo volverá a la normalidad. Esa normalidad incluye que en mayo de 2026 una mujer sea asesinada en su casa, después de que ella misma llamara a la Policía para denunciar que su novio la mantenía como rehén. Noelia Rivero tenía 30 años, una de sus amigas contó que el femicida Tomás Adrián Núñez “le prohibía trabajar fuera de horario o de noche, la hacía faltar, y si ella estaba en jornada laboral la obligaba a estar en llamada con él”.
Karl Marx no conoció a Noelia pero pudo describir un tipo de violencia similar al que sufrió. Mientras analizaba los archivos de la Policía de París durante el periodo de la Restauración posterior a la Revolución de 1789, escribió sobre la esclavitud a la que eran sometidas las mujeres. Marx decía que el Código Civil y el derecho de propiedad permitían “al marido celoso encerrar a su esposa con los mismos cerrojos con los que el avaro cierra los baúles de su cofre. La mujer es parte del inventario”. Muchas cosas cambiaron desde entonces pero hay tiranías que siguen vivas y se reproducen en contextos inundados de cosas que parecen menos violentas que una puñalada: las burlas misóginas, la celebración de la cosificación, las humillaciones y el sentimiento de propiedad sobre los cuerpos de las mujeres.
Este clima de negacionismo del poder, de desprecio y desidia de policías y jueces, ¿sabés qué otro ingrediente tiene? El silencio. El silencio de los medios de comunicación, de los grandes y tradicionales que borraron casi totalmente cualquier tema relacionado con la violencia de género. También borraron a las mujeres de la mayoría de sus programas y portales, ¿qué habrá pasado? ¿Las contrataron solo para cumplir? ¿En realidad nunca les interesó lo que tenemos para decir? El silencio de los medios nuevos, un silencio más cálido y simpático, de las risitas cuando se hace el chiste de las tetas de una legisladora, de los que no se les juegan cosas en el cuerpo, de los que sienten que no es necesario decir nada.
Y finalmente el silencio de todos, de los varones que se sienten afuera del problema, de los que rechazan la violencia machista pero están a la defensiva entre sus pares, los que no discuten el chiste misógino, de los que dejan pasar el video violento “porque es IA”. Me gusta el cambio de enfoque que propuso una usuaria de la red social X, cada 31 horas un varón argentino se convierte en femicida: ¿por qué no hablan de esto en sus grupos de WhatsApp? ¿Cuántas veces le dijiste a un amigo tuyo “cómo puede ser, hagamos algo”? Para los que quieran, los feminismos tienen ideas, argumentos y sobre todo un lugar que también pueden sentir como propio.
Antes de que encontraran los cuerpos de Agostina en Córdoba, de Dulce en Eldorado (Misiones), de Noelia Temperley y las que no conocemos, la Casa del Encuentro ya había registrado 87 femicidios en lo que va de 2026. El recorte de las políticas que atendían a las víctimas de violencia machista llega al 89 %, según estima la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. Los feminismos y sus demandas siguen siendo utilizados como combustible para la batalla cultural del gobierno. No existe ningún motivo para que no vayas a la marcha hoy, no existe ningún motivo para que no insistas en tu agrupación, centro de estudiantes, sindicato, grupo de amigas, amigos, amigues para estar. Y sobre todo: que el 3J no sea una fecha folclórica.
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Bibliografía obligatoria. ¿Por qué decimos Ni Una Menos? Esta y otras historias del movimiento feminista de Argentina las conté en una columna de Youtube que hago en La Izquierda Diario. La semana pasada salió un nuevo episodio: La máquina del diablo que revolucionó la vida de las mujeres. ¿Por qué querían evitar que las mujeres anden en bicicleta? ¿Por qué decían que los pantalones iban a destruir la familia? ¿Por qué los bolsillos eran y siguen siendo un campo de batalla? Tres cosas de todos los días en el centro de la lucha por la emancipación de las mujeres.

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